Historia

La referencia documentada más antigua que tenemos sobre su fiesta está recogida en el artículo 13 de la Ordenanza de 1503, que reza así:

“Los cazadores de perdigones y conejos quedan obligados a llevar al castillo la caza obtenida para abastecimiento del Comendador y de sus alcaides, los cuales abonarán, si las hubieran menester, a razón de cinco dineros el par de perdigones, si fuera fecha anterior al día de la Santa Cruz”. Sabemos que el santoral era el referente cotidiano empleado en aquellos tiempos, que la festividad de la Cruz de Mayo ya se celebraba desde el siglo XV en el Reino de Aragón y que Abanilla perteneció al arciprestazgo oriolano por esas fechas (1). El dato más lejano sobre la existencia de la cofradía de la Santa-Vera Cruz en Abanilla, se remonta a la segunda mitad del siglo XVI, especificado en algunas mandas de los testamentos de sus cofrades y, con más concreción, en una visita de inspección realizada por los visitadores de la Orden de Calatrava en 1565, donde consta que su mayordomo, Antonio Sánchez, presentó un libro que dio comienzo el 1 de noviembre de 1564 (2). No hemos encontrado más documentación hasta 1770, en el informe sobre las Hermandades y Cofradías que ordenó elaborar a los concejos el Conde de Aranda, a la sazón Ministro de Estado. Los datos a destacar que reseña de la cofradía de la Invención de la Santa Cruz de Mayo, para el trabajo que nos ocupa, son:

  • La fiesta se celebraba en su día, con misa, sermón, procesión, soldadesca, fuegos, música y danza.
  • El día de la fiesta se lleva la Santa Cruz a ser bañada en el agua de la huerta.
  • Los cofrades acompañan con luces en la procesión del Viernes Santo.

El diccionario geográfico estadístico e histórico de España y sus posesiones de ultramar, dirigido por Pascual Madoz Ibáñez, en su tomo correspondiente a la Región de Murcia, editado en 1850, dice en el apartado de Abanilla: “La fiesta que con más solemnidad se celebra en esta villa es la de la Santa Cruz, en su día: concurren a ella numerosas familias de los pueblos circunvecinos para asistir a la procesión en que se conduce al centro de la huerta y sitio de Mahoya, una reliquia o cruz pequeña que piadosamente se dice aparecida. Se baña en la acequia mayor, con gran estrépito de trabucos que llevan los mozos del país; después se bendicen los campos y aguas para el riego y se traslada todo la concurrencia a la iglesia, donde tiene lugar la solemne función religiosa”.

Desde 1887, se conserva una estampa con el siguiente texto: “LA EXALTACIÓN DE LA SANTÍSIMA Y MILAGROSA CRUZ, que se venera en la iglesia parroquial de San José de la villa de Abanilla”. A continuación podemos leer el relato de la concesión de indulgencias varias por el obispo de Cartagena, don Mariano Barrio Fernández, por el de Cuenca, fray Fermín y por el de Orihuela, don Félix, constatando que dichas indulgencias ya las concedió el obispo don Francisco Landeira y Sevilla, en su visita.

De la primitiva iglesia de san Benito, sito en el Lugar Alto, primera parroquia constituida por la Orden de Calatrava en 1504, demolida por su estado ruinoso a mediados del siglo XIX, no tenemos ninguna referencia de que hubiese reliquia alguna de la Cruz de Cristo, aunque sí consta en uno de los inventarios de las visitas de inspección de los calatravos, que tenía una de San Benito y otra de las Once Mil Vírgenes.

En un testamento fechado en 1760, de don Antonio de la Cerda y Berdún, familiar del cura don José Vives Ruiz, dejó encargado que tras su fallecimiento le dijeran misas en el altar de la Santísima Cruz, de la iglesia de san José. Lo que nos hace suponer que al especificar el tratamiento de Santísima, fuera señal de que en dicho altar ya había una reliquia, Lignum Crucis, autentificada, dado que en 1736, una Bula del Papa Clemente XII, les daba a las reliquias autentificadas este tratamiento.

También cabe reseñar que en el siglo XVIII, don José Tristán Rocamora tenía un Lignum Crucis de su propiedad (3). Con la destrucción del Archivo Parroquial, en 1936, se ha perdido el certificado de autenticidad de la primera y supuesta reliquia del Lignum Crucis que pudo haber en esta villa, posiblemente la del siglo XVIII.

Hay referencias periodísticas, en las hemerotecas de la Región, referentes a la celebración en mayo de la fiesta de la Santísima Cruz en Abanilla, a finales del siglo XIX y principio del XX, con datos que en algunas ocasiones reflejan la participación de la soldadesca y la exhibición de “correr la pólvora”. Conforme avanzan las rotativas, los reportajes son más ilustrativos. En 1922, se reseña que se celebró con toda pompa, boato y extraordinaria solemnidad, la festividad de la Exaltación de la Santa Cruz de Mayo, con motivo de cumplirse “el Centenario” de la aparición de la Santísima Cruz, sin concretar fecha exacta al respecto.

Notas al pie de página
(1) Programa de fiestas de Abanilla 2013. “Cuando Abanilla pertenecía a Orihuela”, de don José Tenza Lajara.
(2) Hasta la Bula de 1736, del Papa Clemente XII, estas cofradías se denominaban de la Santa-Vera Cruz. Según las indagaciones realizadas por don Manuel Martínez Pérez, la supresión de la palabra vera tiene su razón en que ni en latín ni en castellano significa veracidad. Su incorrecto empleo como supuesta adjetivación de veracidad proviene de que los Templarios ponían en sus iglesias y ermitas lo siguiente: VERA CRUZ . Se da la circunstancia de que en aquellos tiempos tanto los canteros como las imprentan para la U y la V, utilizaban esta última, por lo que correctamente interpretado es “UERA CRUZ ”. Y uera en el castellano antiguo significaba “ORA”; ORA A LA CRUZ . En el año 2002, nuestra Hermandad empezó a denominarle al relicario, de facto, Santísima y Vera Cruz, contradiciendo lo especificado en el Viril del Lignum Crucis y en su certificado de autenticidad expedido por la Curia Vaticana. Y si se considera Vera como una adjetivación de veracidad, el empleo de Santísima y Vera constituye un epíteto, puesto que la Bula citada les reconoce el tratamiento de Santísima y el culto de latría a las reliquias del Santo Madero que están autentificadas por la Santa Sede a través de la historia.
(3) En el testamento de don José Tristán Rocamora, en 1780, que fue procurador síndico y alcalde del concejo abanillero y tenía el cargo eclesiástico de alguacil de la Santa Cruzada, deja a sus herederos un Lignum Crucis de su propiedad y un rosario de Jerusalén. En su casa del paraje de Mafraque edificó junto a su vivienda, una ermita a la advocación de san José, cuyo Breve emitido por la curia se conserva en el Archivo Parroquial. Sus antepasados fueron los que donaron el solar para la construcción del nuevo templo parroquial, consagrado en 1712, por el Obispo Belluga. Legajo de don José Tenza Lajara.

Texto del libro: “Los Patronazgos en la Región de Murcia”, realizado por Eugenio Marco y Juan Manuel San Nicolás

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